El olor a pólvora negra aún persiste en la pañoleta de nuestro uniforme y el retumbo de las salvas todavía resuena en las calles de Santa Cruz de Tenerife. Un año más, desde el espíritu de Recreando el Pasado, hemos vuelto a viajar en el tiempo para devolver a la vida una de las páginas más brillantes de nuestra historia: la victoria tinerfeña sobre la escuadra británica del contralmirante Horatio Nelson en julio de 1797.
Como recreador enfundado en el uniforme del rey Jorge III, participar en la Gesta del 25 de Julio no es simplemente vestir un traje de época; es un compromiso absoluto con la memoria, la precisión histórica y el honor de quienes lucharon a ambos lados de la contienda. Ha sido un fin de semana intenso, emocionante y cargado de caballerosidad. Este fin de semana no hemos actuado: hemos sentido la historia.
El rigor de la vestimenta y el peso de la historia
Meses de preparación, ensayos, instrucción, ajustes en los uniformes y revisión meticulosa de cada botón y correaje culminan en el momento en que te enfundas el uniforme. Ya seas parte de las milicias, del Batallón de Canarias, de la marinería francesa o luches bajo la bandera de la Union Jack, sentir la rigidez de la pañosa bajo el cálido sol de Santa Cruz te conecta de inmediato con la realidad de 1797.
Detrás de cada formación y de cada salva de mosquetería hay horas de instrucción, de marcha a paso de época y de estudio de los manuales militares del siglo XVIII. Cada correaje de cuero blanco, cada tricornio, el soplido de las latonerías y el peso metálico del mosquete Brown Bess o una bayoneta conllevan una responsabilidad pedagógica. La vestimenta en una recreación de primer nivel no es un disfraz, es una armadura de divulgación. Cuando los termómetros en la capital rozan temperaturas estivales, el sudor bajo la lana gruesa no es una molestia, sino el billete de entrada más auténtico para comprender la verdadera dureza que sufrieron las tropas desembarcadas en las costas tinerfeñas hace más de dos siglos. Esa es la verdadera magia de la recreación viva: ofrecer al público un espejo fiel, palpable y oloroso del pasado.
Viernes 24: La acometida en el Barranco de Santos y la rendición en el Palacio de Cartas
La acción arrancó con toda la fuerza el viernes por la tarde. Con el estruendo del fuego de mosquetería y el denso humo blanco envolviendo la costa y las primeras líneas del frente, nuestras tropas iniciaron el asalto atravesando el entorno del emblemático Barranco de Santos. Vivir el avance bajo el fuego cruzado, sintiendo las detonaciones retumbar en las paredes del cauce e intentando contener la férrea defensa de las milicias canarias y los regimientos tinerfeños, hace que la adrenalina se dispare a pesar del agotamiento físico y del peso del equipo.
Avanzar en formación de combate por un terreno tan singular como el Barranco de Santos exige una concentración absoluta. Desde la perspectiva de las fuerzas británicas, la escenografía natural que ofrece Santa Cruz convierte cada esquina en una emboscada potencial. Las órdenes a viva voz, el sonido de los tambores y el chispazo de la llave de pedernal crean una atmósfera de inmersión total.

Sábado 25: Vida de campamento, divulgación viva y respaldo institucional
Tras la batalla del día anterior, el sábado cambiamos el fragor de la lucha por la convivencia y la pedagogía militar en el campamento histórico instalado en pleno centro urbano. Convertimos el corazón de la Alameda del Duque de Santa Elena en un auténtico museo vivo del siglo XVIII, donde montamos guardia, realizamos demostraciones de instrucción a pie de calle y mostramos al público los entresijos de la logística, la intendencia y el estilo de vida de los ejércitos de la época.


La jornada finalizó con la solemne procesión de Santiago Apóstol, patrón de Santa Cruz, acompañando el sentir tradicional e histórico de la ciudad.
Domingo 26: La Capitulación, la caballerosidad y la salva de la concordia
El domingo llegó el momento más solemne y emotivo de las jornadas. Volvimos a escenificar de forma protocolaria y rigurosa la capitulación de las tropas británicas, rememorando el trato profundamente honorable que el pueblo tinerfeño y el general Antonio Gutiérrez brindaron a los vencidos —atendiendo con humanidad a nuestros heridos en los hospitales de la ciudad y permitiéndonos reembarcar hacia la flota con las banderas desplegadas y todos los honores de guerra—.
A continuación, la explanada principal se convirtió en el escenario de un sobrio y emotivo homenaje a los caídos de ambos bandos, recordando que tras las decisiones tácticas y los uniformes de colores existieron hombres que dieron la vida por sus banderas en aquellas trágicas horas de 1797.

El momento más sobrecogedor y magnético de todo el fin de semana ocurrió durante el cierre. Encuadrados en perfecta alineación militar, hombro con hombro, las tropas españolas y las fuerzas británicas ejecutamos una salva de mosquetería conjunta. Ese estruendo unísono retumbando en el cielo de Santa Cruz no solo dio por finalizada la recreación, sino que demostró cómo la historia viva es capaz de transformar un antiguo campo de batalla en un verdadero abrazo de fraternidad entre naciones.
Finalizamos la jornada rindiendo honores ante el busto del general Antonio Gutiérrez y compartiendo una emotiva foto de familia de todos los recreadores unidos.
Un reconocimiento a la isla y el valor de la memoria
Desde Recreando el Pasado, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a la organización del evento, a las autoridades locales, a las diferentes asociaciones históricas de Canarias, de la Península y del ámbito internacional, y muy especialmente a los vecinos de Santa Cruz por recibirnos año tras año con los brazos abiertos, un respeto admirable y un entusiasmo contagioso.
Recrear el bando británico en el suelo donde sufrieron su derrota militar más célebre no es solo un reto interpretativo; es una lección continua de deportividad, historia comparada y respeto mutuo. La elegancia con la que la ciudad de Santa Cruz de Tenerife trata a las tropas de la Union Jack en cada edición refleja la hidalguía de un pueblo que sabe honrar su victoria sin necesidad de humillar al rival.
Guardamos ya las bayonetas, limpiamos los mosquetes y la latonería, y empaquetamos las casacas rojas y blancas con el orgullo intacto de haber honrado la memoria de los marineros y soldados que lucharon en aquel lejano y ardiente julio de 1797.
¡Viva Santa Cruz! ¡Nos vemos en la próxima recreación!
¿Pudiste ver el avance en el Barranco de Santos o visitaste nuestro campamento el sábado? ¿Qué te pareció ver a las tropas británicas desfilar por las céntricas calles de Santa Cruz? ¡Déjanos tu comentario abajo y comparte tu experiencia con nosotros!

El rigor de la vestimenta y el peso de la historia
Viernes 24: La acometida en el Barranco de Santos y la rendición en el Palacio de Cartas














